7 nov 2009

REFLEXIONES SOBRE LA ESCUELA DE JESÚS Y LA VOCACION DE MAESTRO

Por Willian Henry Enríquez

Docente Unimar

Cuando se habla de Jesucristo, la primera idea que se viene a la mente es la crucifixión. Siempre me he preguntado ¿Por qué? Y más cuando la magia del cine nos permite percibir con mayor realismo los acontecimientos que llevaron a nuestro Señor a ese estado, ¿Por qué no se libera de esa cruz y castiga a quienes lo castigan? Es como el sentimiento que me nace al ver las torturas a las cuales fue sometido. Desde niño cuando asistía a misa los domingos de la mano de mi abuelita, al preguntarle se me dio la misma respuesta: Cristo murió en la cruz por el hombre y por su salvación, idea que uno asume pero no hace una reflexión profunda del verdadero significado de esta respuesta. Abuelita, deme un pedazo de la hostia, ¿a qué sabe? Porque a mí no me dan?, ella se sentaba junto a mí y me daba un pedacito, ” mijo no la vaya a masticar porque es el cuerpo de Cristo” en realidad mi mente de niño asumía todo como una bonita historia. Luego llegaba la navidad. “hay que hacer el pesebre, y si se porta bien en niño Jesús le traerá sus regalos” entonces cada año esperaba a que ese día llegara. En mis cursos de catecismo para la primera Comunión y Confirmación, al igual que en las clases de religión puede tener un conocimiento más amplio de la vida de Jesús, pero siempre la misma respuesta: “Cristo murió en la cruz por nuestra salvación”. Con el correr del tiempo asumí al fin la respuesta, creo que más que por las razones que muchas personas me han dado, porque es algo que se siente: La presencia de Cristo en nuestras vidas. Ahora tengo nuevamente la oportunidad de reflexionar y tratar de responderme la misma pregunta, ahora sé que Cristo fue un Maestro y eso me hace verlo con otros ojos, no lo veo solamente como ese ser misericordioso que murió en la cruz y que profesó el amor entre los hombres, ahora aunque quizás es muy pretensioso decirlo, lo veo como un colega de profesión, pero ¿cómo poder acercarme aunque sea en una ínfima partecita a esa inmensa sabiduría y grandeza de Jesús como maestro?; ¿Cómo provocar la inteligencia en mis estudiantes?, ¿Qué puedo hacer para no convertirme en un mero transmisor de conocimiento? ¿Cómo puedo sorprenderlos?; ¿Qué hago para que me recuerden para siempre?; ¿Cómo hacer que las personas se vuelvan “caminantes en las trayectorias de su propia vida”?; ¿Cómo dejo a un lado mi orgullo para convertirme en un “eterno aprendiz”?; ¿Cómo motivo a mis estudiantes para que puedan llegar a ser “ingenieros de la inteligencia”? y finalmente ¿Cómo puedo “lavar los pies” de mis estudiantes?

Creo que la respuesta a estos interrogantes, no se encuentran en ningún libro, las respuestas podrían encontrarse en la vivencia de la profesión, pero una vivencia con vocación la cual creo que no se aprende sino que son algunos los privilegiados y se nace con ella. Para ello debemos acercarnos a Jesús, seguir su ejemplo, abrirle el corazón, tratar de conocerlo, creo que esto es lo más difícil, en un mundo en el que los valores humanos se pierden cada día, en el que nos hemos alejado de la fe cristiana. A Dios muchas veces solo acudimos, cuando vemos que ya no hay esperanza en la solución de un problema y que solo él nos puede ayudar, entonces si rezamos y vamos a misa.

Considero que la labor del maestro es grandiosa y que puede marcar para siempre la vida de las personas y generar cambios positivos o negativos en ellas; por eso nuestro compromiso frente al rol de educador es en primer lugar dejar a un lado el orgullo intelectual para convertirnos en “eternos aprendices”, Aprovechar cualquier momento para inculcar en los estudiantes la práctica de los valores éticos, morales, y espirituales. Conocer con mayor profundidad la vida de Jesús y su pedagogía para seguir su ejemplo y poder acercarnos a su sabiduría. Finalmente, ejercer la profesión con mayor responsabilidad, entrega, amor, tolerancia y humildad, y aspirar algún día tener la inmensa satisfacción de haber sembrado en los estudiantes la semilla del conocimiento encaminado a cambiar una sociedad muy parecida en la que vivió Jesús, interesada en suplir únicamente sus necesidades básicas de supervivencia y posiblemente generar nuevos “ingenieros de ideas”

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